En dos días han nacido dos niños en mi círculo próximo.
1-. Oriol, mi sobrino/ahijado.
Hace un mes... MARC: Nena, el día 2 me voy de viaje de empresa a Alemania. Vuelvo el día 3 por la noche. EVA: Ammm, que bien... ¿cuando sale de cuentas la cuñada? MARC: Para la semana siguiente.
Hace una semana... MARC: Pues al final le han programado la cesárea para el día 4. EVA: Genial, así no te la perderás. Ya habrás vuelto.
Ayer por la noche...
CUÑADO: Eva, al final nos han programado la cesárea para mañana por la mañana. ¿Puedes avisar a Marc?
Ley de Murphy. Marc en Alemania, sin cobertura y sin saber que ya es tito. Le va a dar un ataque...
2-. Magí, el hijo de una amiga. Ha tenido un embarazo complicado, con diabetes gestacional. Además se le ha complicado con piedras en la vesícula, tensión alta, plaquetas bajas... Al final, después de una semana hospitalizada, ayer decidieron sacarle al crío con apenas ocho meses de gestación. Madre y niño se están recuperando, pero todo parece indicar que todo saldrá bien.
¿No os pasa que muchas veces tenéis ideas geniales para escribir en el blog que se esfuman en cuanto encontráis la plantilla en blanco? Pues a mí también. Lo que puedo hacer, sin embargo, es dar un par de ideas de lo que ha pasado desde que no escribo. Algo es algo.
1. Cayó el capricho. Sin hacerse daño, eso sí. Me cambié de compañía, de Vodafone a Orange, y me regalaron una Blackberry. Vale, es la más sencillita pero... jo, como me gusta. Estoy toqueteando teclas todo el rato, me he enganchado al Twitter, me llevo el móvil a todas partes (cuando antes no me enteraba nunca cuando me llamaban). En fin, que estoy que no cago. Ah, y tiene una agenda muy útil. Eso es lo que le dije a Marc para convencerle de lo necesaria que era una Blackberry en mi vida: "Cariño, es que necesito una agenda para gestionar mi vida, y las de papel como que se me quedan cortas y me las olvido en todas partes". Coló. Jejejeje
2. Pasé la crisis de los 30. Y aún sigue dando ramalazos, sobretodo cuando me planteo si hace diez años no me hubiera dado un capón por estar aún como estoy: sin niños (ni proyecto de tenerlos en corto plazo), sin carrera acabada, sin trabajo estable... Cuando me pasa esto, miro lo que sí tengo: un piso (sin amueblar, que caros están los muebles), un marido amoroso y unos amigos geniales. Por lo menos me sirve para pasar el pinchazo del momento
3. Por mi cumple me regalaron varias cosas, pero lo más destacado es la Wii Fit, más que nada por lo que representa para mi seguridad física. En serio, es muy divertido y te ríes mucho porque casi nadie se ve así...
sino así...
Pero lo peor es lesionarse jugando al dichoso juego. En realidad no fue nada, pero cuando me caí, haciéndome daño, la bicha que tienen como entrenadora tuvo la genial idea de felicitarme por bien que lo estaba haciendo. Surrealista.
4. ¡Hemos comprado los muebles! Finalmente nos decidimos por unos que vimos en La Sènia, ya pondré foto cuando los tengamos. Antes tenemos que hacer obras en el comedor, poner más enchufes, pintar... Y comprar una tele nueva. Esto último no es necesario, pero le dije a Marc algo así como: "A ver si la tele de culo que tenemos se va a cargar el mueble nuevo...". Y coló. Tengo un marido crédulo o que se hace el tonto por darme caprichos. Una joyica, vamos.
5. Y mi madre ha vuelto de Colombia. Bueno, parte de mi madre, que la otra parte se la dejo por aquellos lares. Ha perdido toooooda la barriga y aún le queda por perder porque está algo hinchada todavía. En cuanto a la operación está muy contenta. En cuanto a la compañía... pues no tanto. Parece ser que la estafaron, robaron e intentaron tomarle el pelo de todas las formas posibles. Y cuando dijo basta, la dejaron marginada. Todo esto hecho por alguien a quien consideraba su amiga, lo que lo hace aún más duro. Ahora solo queda consolarla mucho para que se le pase pronto el desengaño.
Y hasta aquí el resumen. Antes de acabar, sin embargo.... ¡Feliz Navidad a todos! (aunque sea algo más de una semana después, ya me perdonaréis)
Mi madre ya está en Colombia. Después de un viaje largo, largo, ya se ha plantado allí para pasar unos cuantos meses. La verdad es que casi no me ha dado tiempo a darme cuenta de que está tan lejos, porque normalmente nos vemos una vez a la semana como mucho.
Además existen grandes inventos hoy en día: con internet puedo hablar con ella y verla. De alguna manera sirve para aliviar la morriña, al menos hasta que mi padre se vaya también para allá y tenga morriña al cuadrado. Estoy tristona, supongo que es algo que no puedo evitar. Estas navidades las pasarán allí, como mi cumpleaños o el de mi hermano. Generalmente repartíamos las fiestas entre las dos familias (la de Marc y la mía) de la manera más equitativa posible. Pero este año temo que mi hermano pase mucho más tiempo con los padres de mi cuñada (a la que adoro, por cierto, no es ningún problema de mala relación), como si lo que nos uniera fueran mis padres. Tengo una teoría: los hermanos están unidos mientras viven los padres. Cuando lo padres faltan, el que los hermanos sigan unidos depende de como hubiera sido su relación si se hubieran conocido en la calle. ¿Hubieran sido amigos o no se habrían soportado?
Mi hermano y yo no nos hubiéramos dado la oportunidad de conocernos, supongo. Somos muy diferentes pero también muy iguales a nuestra manera. Si nos hubiéramos visto obligados a abrirnos, a conocernos de verdad, estoy segura de que habríamos sido amigos en la calle también, pero las primeras impresiones pesan mucho en las relaciones.
Pese a todo, aunque congeniamos y nos queremos mucho, la distancia nos ha ido distanciando. De hecho, muchas veces sabemos el uno del otro a traves de nuestros padres y si nos vemos suele ser cuando subimos a ver a mis padres y ellos suelen estar también. Elegí vivir con Marc a unos 100 km de mis padres y eso tiene sus consecuencias... Solo sé que me duele que la relación con mi hermano se esté enfriando, aunque sé que es lo que pasa habitualmente porque cada uno está formando su propia familia.
Hace cuatro meses, en una visita a mi hermano, me llevó a una habitación para enseñarme lo que había dado de sí su afición a la jardinería. Las... digamos que los rosales habían dado mucho de sí y había cogollos... digo rosas para dar y tomar. Así que, muy generoso él, coge un bote vacío de galletas Príncipe, de lata, y lo llena de... flores. "Ea, para vosotros".
Como yo no fumo y Marc no sabe liar... ramos, solo podemos usar las flores cuando viene un amigo que está acostumbrado a ello y nos los lía, para echarnos unas risas. Pero claro, como es tan de tarde en tarde, he optado por dejar el bote de galletas Príncipe escondido detrás del altavoz ya que el armario donde estaba (curiosamente el "armario botiquín") echaba un pestazo que tiraba para atrás cada vez que buscabas un Gelocatil.
En el cumple de Marc invitamos a la familia. Así que cuando la sobri localizó una lata de galletas Príncipe a la hora de merendar se la llevó a la madre al grito de "merienda". La madre lo abrió, vio lo que era y dijo "No, que son hierbitas, esto no se come". Lo cogió mi madre, lo abrió y lo cerró sin decir nada (posiblemente consciente del origen fraternal de las hierbitas en cuestión). Pero mi suegra... bueno, mi suegra abrió el bote, lo esparció por la mesa, lo toqueteó, lo olisqueó y, una vez convencida de lo que era (más por nuestras caras de circunstancias que por conocimiento), me espetó en tono acusador:
"Esto es droga, ¿no?" (Traducción: "Esto es droga, sorratraisionerayperversoraquevasaestropearamihijo, ¿no?")
Este va a ser un post caótico. Es lo que tiene estar enfadada...
Mis padres están viviendo una segunda juventud. Después de que mi hermano y yo nos fuéramos, se pasaron unos meses hibernando en casa, dedicándose a dormir los fines de semana y sin salir apenas. Pasada esta temporada de síndrome del nido vacío, comenzaron a vivir de nuevo con intensidad sus relaciones sociales. Así, se han hecho un círculo de amigos compuesto por parejas, todos unos diez años más jóvenes que ellos.
Hasta aquí, todo bien. Ellos disfrutan socialmente, además se relacionan con gente de menor edad y con mayor vitalidad. Y, aparentemente, todos muy buena gente. El problema viene cuando descubres que todos (TODOS) ellos beben mucho y ellas piensan poco... o demasiado, nunca se sabe. Así que a la segunda juventud de mis padres hay que contarle no solo las ventajas (que las tiene y muchas) sino también las desventajas.
La última ocurrencia de mi madre es que se va a Colombia a operarse de cirugía estética las próximas navidades, en el mismo centro donde se operó su nueva mejor amiga del mes. Que será que no hay aquí hospitales buenos. Que será que lo que se ahorra en el hospital no se lo gasta en el viaje. Que si le pasa cualquier cosa, está en Colombia. Y que si tiene planeado irse dos meses, bien tendrá que vivir, ¿no? Y por lo tanto también se gastará dinero. Un dinero que, siendo mi padre yesero y estando en la época que estamos, afirman que no les sobra. Y, lo peor de todo, sabiendo como sabe que no estoy a favor del proyectito de marras, lo está planeando a escondidas. Si me he enterado es porque mi padre me lo dijo, para que supiera lo mismo que mi hermano.
En el momento, me enfadé tanto que lo único que me salía era: "Está loca, que a su edad tiene que hacer las cosas con cabeza, que no se pueden hacer las cosas así, está loca". A lo que mi padre me contestó un resignado: "Ya es mayorcita y puede hacer lo que quiera". Como seguía protestando, me dijo que no le chafara la ilusión a mi madre.
Así que ahora estoy cabreada como una mona, callada por no chafarle la ilusión a mi madre de irse a Colombia a operarse de cirugía estética, porque está pasando una segunda juventud.
Y que esta clase de tontería de juventud no se pueda curar con un par de ostias a tiempo es una injusticia. Leches.
El día de San Esteban hicimos comida familiar en casa de mi suegra. Estábamos mis padres, el hermano de Marc con la niña y la mujer y nosotros dos.
Aina está hecha un encanto de niña, con sus dos añitos y meses. Ya comienza a hablar con esa lengua medio de trapo que tiene y es genial hacerle cagar al tió. El ritual era siempre el mismo: la enviábamos con alguien al lavabo para que mojara el palo con el que iba a pegar al tió, metíamos corriendo los regalos debajo de la manta y la llamábamos para que cantará la canción ("Caga tió, ametlles i turrons, no caguis arengades, que són molt salades, caga torrons, que són més bons!"). Claro, cuando la niña veía todo aquel montón debajo de la manta debía pensar: "Pá que voy a cantar si el bicho este ya cagó" y se iba directa a levantar la manta hasta que la parábamos y le obligábamos a cantar.
También están quitándole los pañales, así que cada dos por tres tienes que preguntarle si tiene pipí. Y si te dice que sí, llevarla corriendo al orinal. La vez que la llevé yo, le bajé las medias y las braguitas, la senté en el orinal, la limpié cuando acabó y le lavé las manitas y la cara. Que buena tía soy, ¿verdad? Entonces, ¿por qué la niña me miraba mal, andaba como un pingüino y no paraba de repetir "Ayudo, ayudo"? Aaaaaaaaaaaahhhhhh. Leches. Que me olvidé de subirle las braguitas y las medias.
Desaparecida me hallo, fíjese usted, pero intento recuperar el ritmo como puedo. Durante un tiempito me tenía que exprimir la neurona para pensar sobre que escribir... así que al final decidí darle espacio a ver si me volvía la inspiración. No, no me ha vuelto pero vuelvo yo. Que más queréis.
1. Soy tita de nuevo. Después de un retraso de dos semanas, Paula se decidió a salir. Una niña preciosa, morenísima, de ojos negros y larguísima. Una pasada. Mi hermano y mi cuñada están haciendo aquello de que no se acostumbre a los brazos y se me ponen los pelos como escarpias cada vez que comentan los horarios de brazos superestipulados que tienen. Probé de explicarles cosas sobre Pikler, sobre lo importante que es el contacto en los primeros meses y caía contra un muro. En fin, cada uno hace con su hijo lo que quiere y si al doctor Estivill aún no lo han apedreado por la calle debe ser que su método crea niños poco llorones. Aunque no puedo evitar pensar en el perro de Paulov cada vez que alguien aplica su método. Tonta que es una.
2. Con algunas compis del trabajo hemos decidido quedar un día a la semana para tomar un café y hablar de nuestras cosas. Aunque me ronden más cerca los treinta que los quince, la mayoría de la conversación suele llevarse por: "Creo que le gustas, tía..." o "Jo, el profe de hoy no ha venido y nos hemos quedado sin clase". Y como lo disfruto. La otra chica que viene que tiene mi edad, su propia casa y su propio "marido" se queja de que el susodicho está preocupado por estas quedadas. "Se piensa que le estoy poniendo los cuernos porque dice que no es normal que nos tiremos meses sin vernos y de repente quedemos cada semana". Respuesta: "Dile que quedamos cada semana para que no pasen meses sin vernos". A ver si esto le funciona.
3. En el curro bien aunque ahora que ha pasado el verano trabajo muuuuuuy pocas horas y tengo que tirar de lo ahorrado. Por una parte es una faena, pero por otra... como disfruto de tener tiempo libre los fines de semana. Este Domingo mismo no trabajo y comienza a no ser una novedad. Casi me da miedo tener tanto tiempo libre.
4. Con las chicas del punto dos hemos decidido ir a ver al cine "Luna Nueva". Lo sé, yo también creía que con la normalización de las hormonas desaparecían los comportamientos tribales, pero pienso disfrutar de la peli como disfruté de la primera y de los libros. Para los que no os los hayáis leído, spoilers. Sabes que una serie acabará mal cuando aparece alguien llamado Nessie y te entran ganas de matar a la autora. Dicho queda.
Ea, os dejo para que os retorzáis con la vergüenza ajena. Buen Martes a todos :)
- Nena, que se ha muerto Michael Jackson - Ya lo sé, mamá - Es que cuando lo he escuchado me he acordado de ti - ¿O_O? ¿Por qué? - Es que cuando eras pequeña viste el videoclip de Thriller - Ammm - Y te dió un susto de muerte - Ammm... - Y cuando queríamos darte un susto bastaba con decirte "Michael Jackson" y te ponías a llorar
¿Tenía ya de pequeña algún tipo de sexto sentido que me decía cuando un tipo era malo, malísimo? ¿Por qué mis padres parecen unos cabrones cuando me cuentan anécdotas de cuando era pequeña? (algún día explicaré las competiciones de "a ver quien hace llorar antes a Eva") ¿Puede ser que todos los que rondamos los 30 tenemos traumas con ese videoclip?
Ahora que tengo algo menos de tiempo no comento tanto pero os leo a todos. Besotes (y a disfrutar del verano)
- Al final Aitor es Paula. Haciéndonos a la idea como podemos, seguimos igual de contentos pero son meses de llamarle Aitor.
- Me he pasado un par de meses haciendo un medidor del Winnie the Pooh superchulo y con mucho curro. Cuando por fin lo he acabado con su escala, numericos (no, no me he olvidado el acento, se tiene que pronunciar en plan Muchachada Nui) y todo compruebo si la medida es la que tiene que ser. Obviamente no la es. No sé si son centímetros, pulgadas o mala leche de los autores pero cada centímetro de mi medidor se corresponde a 0,7 centímetros reales. Lo sé: tendría que haberlo medido antes o por lo menos haber sospechado que esos centímetros eran muy chicos. A veces soy muy lerda...
- Han operado a la suegri. Nada grave, le tenían que arreglar un dedo del pie. Lo chungo vendrá mañana cuando le den el alta, estamos haciendo ingenieria horaria para que no este sola. De momento tenemos cubierto hasta el Lunes, ya veremos como está a partir del Martes...
- ¡Quiero jugar al Rock Band! ¡Juegan cuando no estamooooosssss!(Eloi això va per tu!)
Cuando abrí de nuevo el blog, mi madre corrió a leerlo y llamó a mi padre para que lo leyera el también.
Días después me dijo muy serio: “No hablas de mí en el blog… de tu madre, de Marc… ¡hasta del gato! Pero de mí no” Así que este post se lo dedico (ya se lo haré leer...)
Mi padre es un hombre grande en muchos sentidos. Es altísimo, de pobladas canas, gesto adusto y arranques de genio temibles (genio que ha heredado mi hermano, pero de él ya hablaré otro día). Un tiarrón que no duda en tirarse al suelo para jugar con los hijos de los amigos. Es un espectáculo ver como un retaco de un metro le coge de la mano y se lo lleva para que lo invite a una coca cola, contentísimo de ir con “el José”, “el largo”.
Eso sí, si tengo que describir a mi padre con unas pocas líneas, lo haré con una anécdota que aún hoy le recordamos.
Hace algunos años, cuando aún vivíamos en casa de nuestros padres, mi madre tenía un trabajo que le obligaba a viajar y estarse fuera entre semana. En casa son bastante machistas, así que ni mi hermano ni mi padre estaban acostumbrados a dar un palo al agua, pero yo tenía un genio de mil demonios y no me cortaba a la hora de pegar tres gritos cuando se ponían en plan maharajá conmigo. Así que cuando mi madre salió por la puerta, mi padre se giró y dijo una frase mítica: “Niños, esto es la jungla: que cada uno se busque la vida”.
Mi hermano y yo nos miramos y no abrimos la boca. ¿Para qué? Siempre estábamos igual. Así que cuando aquella tarde llegó de trabajar más tarde de lo normal, nos encontró en la cocina haciendo la cena… para nosotros dos. “¿Y yo?”
“Papá, esto es la jungla… búscate la vida”
Mientras cenábamos partiéndonos de la risa, lo escuchábamos protestar en la cocina mientras se hacía la cena. “Hay que ver con los niños… Como se pasan”
No se me ocurre ninguna anécdota que le refleje mejor que ésta. Porque como le dije hace unos días yo no he tenido un padre, he tenido un hermano mayor.
Cuando llegamos a Martorell mis padres nos esperaban con la comida en la mesa y las palabras de ánimo que toda novata que ha tenido su primer toque debería escuchar: "No pasa nada, todos nos hemos dado un golpe alguna vez". Vale decir que el consuelo que me dio Marc (gritos, broncas...) me llevó a llorar a moco tendido (lo que a su vez le llevó a él a consolarme un poco, pero ya estaba hecho el daño).
Cuando acabamos de comer, ya de mejor humor y riéndonos, llegaron mi hermano y su mujer, Arantxa. Estaban muy raros, mucho, y JM (mi hermano) se llevó a mi madre aparte a hablar... al cabo de un rato vinieron a buscar a Arantxa y desaparecieron durante un cuarto de hora. Cuando por fin volvieron, con un sobre en la mano que dieron a mi padre, estaban todos serios y blancos.
Al abrir el sobre... apareció una ecografía. La verdad es que nada más verlo me puse a saltar y a gritar como una loca, mientras que Marc y mi padre me miraban como si me hubiera dado algo sin entender que me pasaba. ¡Mi tete está preñado! Vale, técnicamente, ella es la que está preñada. Y, la verdad, la quiero como si fuera una hermana, así que... ¡mis tetes están preñados! (de una manera no incestuosa XDDDD)
Hasta aquí aguantaba más o menos bien, emocionada pero bien. Cuando nos pidieron a Marc y a mí que fuéramos los padrinos... se rompió el dique. Lloramos mi padre, Marc y yo, de aquella manera que te tiembla el mentón. Aquel día me deshidraté o algo porque llorar tantísimo en un día cuando no soy precisamente llorona...
Mi sobrinito, que se llamará Aitor, es del tamaño de una mano. Arantxa está de cuatro meses y se acaba de enterar de que está preñada, así que ha sido un susto. Pero todo saldrá bien, a pesar de la crisis de las narices que tanto nos ha tocado. Tiene que salir bien, porque estamos todos dispuestos a ayudar en lo que haga falta.
Juro que la tortilla de patatas de aquella noche me supo como si hubiera ido a cenar al Bulli... a gloria :)
Cuando era una niña decidí los nombres de mis futuros hijos, como muchas otras niñas: se llamarían Lucía y Miguel. Y no había vuelta de hoja, el padre de las criaturas era un ser difuso y claramente secundario, sin opinión que me importara.
Cuando salió el tema de los nombres con Marc (no porque estuviéramos buscando nada, más bien por una tarde especialmente aburrida), me llevé la agradable sorpresa de que Lucía le gustaba mucho. Miguel no tanto pero, aunque era un chasco, el hecho de que aceptara Lucía me consolaba.
"¿Y qué nombre te gusta a ti?" le pregunté. "Oleguer"
Vale. En ese momento ya no me consolaba tanto que aceptara Lucía. Oleguer... la imagen mental era del rey de los capones en el patio.
"¿Por qué odias a nuestro hijo?"
Durante años (años) hemos mantenido un forcejeo cordial respecto al tema. En cuanto puedo, pregunto a quien sea que le parece el nombre y cuando el encuestado expresa su horror (cosa que pasa la mayoría de las veces) aprovecho para colar un "¿lo vesssss?". Vale, quizás no sea la mejor estrategia, pero pensé que si mi padre le amenazaba con dejarle inconsciente cuando fuera el momento de ir al registro se lo replantearía. Pero no. Oleguer parece innegociable.
Ayer descubrimos un nuevo nombre: Iu. Así tal cual, Iu, como si nuestro hijo fuera a ser el mejor eslógan de Izquierda Unida. Oleguer seguía siendo malo, pero Iu... "No, en serio ¿tanto deseas acabar en un asilo?". Así que decidí que Lucía merecía un sacrificio por la causa.
"Vale, Iu u Oleguer, lo que prefieras. Pero entonces yo cambio Lucía por... Bernarda. Y en tu mano queda llamarle Bernie o Narda ¿Te imaginas? ¡Narda, ven a comerme el nardo! Y entonces saldría Iu Oleguer para defender a su hermanita y le torearían al grito de "¡Ole!". Iu Oleguer y Bernarda... me gusta"
Quizás haya encontrado una manera de negociar lo innegociable a tenor de la cara que puso. Se ve que no le gusta nada Narda... pobrecita.
Hoy ha venido mi suegra a verme porque hacía ya más de una semana que no nos veíamos. En nuestra relación las hemos pasado de todos colores, pero ahora estamos en un equilibrio cálido, de confianza mutua, que da gusto. Y es que mi suegra, cuando se relaja, es de lo mejorcito que te puedes encontrar.
Cuando llega me pregunta que tal había ido la reunión de mujeres.
"Muy bien... espera, que tengo el catálogo, te lo enseño"
Y saco el catálogo de tuppersex y le comienzo a enseñar a "Don Perfecto", lenceria con agujeros oportunamente colocados, anillos con más de un vibrador... La cara que ha puesto la mujer no tiene nada de envidiar a la que he puesto yo cuando ha dicho: "Ah... pensaba que os habiáis reunido para hablar... no que era algo de esto"
Resulta que no sabía que habíamos hecho un tuppersex y que Marc le había explicado que le había echado de casa para tener una inocente reunión de mujeres.
Menos mal que la mujer se ha recuperado pronto del susto y ha comentado que las bolas chinas son saludabilísimas.
sábado, 3 de enero de 2009
Resumen de las fiestas:
- Nochebuena: éxito de cena, confidencias con Albeta, familia bien :) - Navidad: éxito de comida, familia bien, Terrassa la Nit ok - Sant Esteve: éxito comida (mi suegri cocina geniallllll), familia regulín (Annabel tava malalteta, pobre), hacer cagar al tió intentando transformar al cristianismo a una niña de año y medio no tiene precio - Nochevieja: cena ok, acabé las uvas, acabé también con mi resistencia al alcohol (uuuuuhhhhh, el lavabo del anfitrión tiene un gotelé superoriginal ¬_¬U)y me enteré de algunas cosas que quizás no hacia falta que supiera... maldita amnesia alcohólica, que solo borra lo que le interesa)
Menú para la Nochebuena (que organizamos en mi casa): - Picoteo vario - Magret de pato a la miel con higos - Postres de navidad típicos (lease turrones, polvorones y demás que le han dado en el lote a Marc)
Problemas:
- ¿Picoteo? ¿Qué leches ponemos de picoteo? ¿Patatas, gambas, sanwidches de nocilla? Parecerá un cumpleaños de primaria... - Magret de pato a la miel con higos. Olé como suena. Se te llena la boca solo de oirlo... si no fuera porque no es época de higos, quedaría genial. ¿Quedarán igual de bien uvas? Pero habrá que pelarlas, quitarles las pipas... leches, este será complicado, además el magret se tiene que hacer al momento o no valdrá nada... y a la gente le gusta más o menos hecho, venga a acertar con el punto para que todo el mundo esté contento... - Postres típicos, okitas. Mi madre dice que trae helados con formas de papá noel y árbol de navidad. Pero, ¿no celebraba yo la cena? ¿Me va a quitar el placer del único plato que tenía claro y controlado?
Conclusiones:
- Menos mal que somos pocos. Por lo menos hay confianza. - Plan a: dejarles regalitos en el plato para ganarnoslos desde un principio - Plan b: emborracharles antes del aperitivo. Así siempre les puedes engañar con lo que ellos creen que recuerdan.
Y para el año que viene, como se me habrá olvidado, me meto en deconstrucciones como el Ferran Adrià (mwuahahahaha)
Mis padres vinieron este Sábado a cenar a casa. Mientras cenábamos, mi madre se quedó embobada mirando al gato y finalmente preguntó intrigada: "¿Limpiáis con algo al gato?". Y yo, claro, cada dos semanas con un jabón seco (y no es broma). "Es que el pelo que tiene blanco está muy blanco..."
Para poneros en antecedentes, os diré que mi madre debe tener un trastorno obsesivo compulsivo, porque lo suyo no es normal. Hace cosas como meter sartenes en sosa para quitarles la grasa (pero en el camino se lleva también el teflón). O lavar los mandos de la tele con alcohol, desinfectándolos. De hecho, ha tenido dos mujeres que venían a ayudarla en casa. Una de ellas le dice que no conoce a nadie tan obsesionada por la limpieza. La otra, que está aprendiendo mucho en su casa y que va a aplicar lo que ha aprendido en el resto de las casas a las que va.
¿A que ahora el comentario del gato no parece tan normal?
Después de la cena los llevamos a ver los barcos del puerto, entre ellos el de un supermillonario dueño de un equipo de fútbol inglés (el Chelsea, creo). Un imponente barco, casi un transatlántico. Increíblemente enorme. Y mientras los demás nos maravillábamos con cosas como cuanta gasolina debía gastar o si tendría un campo de fútbol en cubierta, mi madre murmuró: "¿Cuánta gente debe trabajar aquí para tenerlo tan limpio? Mira como relucen esas barandillas..."
Lo dicho. Una obsesa. Vete a saber que trauma increíble debe de guardar dentro.