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martes, 29 de diciembre de 2009

Caga tió y como mea la niña

Hartos vais a quedar de mí...

El día de San Esteban hicimos comida familiar en casa de mi suegra. Estábamos mis padres, el hermano de Marc con la niña y la mujer y nosotros dos.

Aina está hecha un encanto de niña, con sus dos añitos y meses. Ya comienza a hablar con esa lengua medio de trapo que tiene y es genial hacerle cagar al tió. El ritual era siempre el mismo: la enviábamos con alguien al lavabo para que mojara el palo con el que iba a pegar al tió, metíamos corriendo los regalos debajo de la manta y la llamábamos para que cantará la canción ("Caga tió, ametlles i turrons, no caguis arengades, que són molt salades, caga torrons, que són més bons!"). Claro, cuando la niña veía todo aquel montón debajo de la manta debía pensar: "Pá que voy a cantar si el bicho este ya cagó" y se iba directa a levantar la manta hasta que la parábamos y le obligábamos a cantar.



También están quitándole los pañales, así que cada dos por tres tienes que preguntarle si tiene pipí. Y si te dice que sí, llevarla corriendo al orinal. La vez que la llevé yo, le bajé las medias y las braguitas, la senté en el orinal, la limpié cuando acabó y le lavé las manitas y la cara. Que buena tía soy, ¿verdad? Entonces, ¿por qué la niña me miraba mal, andaba como un pingüino y no paraba de repetir "Ayudo, ayudo"? Aaaaaaaaaaaahhhhhh. Leches. Que me olvidé de subirle las braguitas y las medias.

Falta de práctica.

jueves, 25 de junio de 2009

Cosas varias

- Al final Aitor es Paula. Haciéndonos a la idea como podemos, seguimos igual de contentos pero son meses de llamarle Aitor.

- Me he pasado un par de meses haciendo un medidor del Winnie the Pooh superchulo y con mucho curro. Cuando por fin lo he acabado con su escala, numericos (no, no me he olvidado el acento, se tiene que pronunciar en plan Muchachada Nui) y todo compruebo si la medida es la que tiene que ser. Obviamente no la es. No sé si son centímetros, pulgadas o mala leche de los autores pero cada centímetro de mi medidor se corresponde a 0,7 centímetros reales. Lo sé: tendría que haberlo medido antes o por lo menos haber sospechado que esos centímetros eran muy chicos. A veces soy muy lerda...

- Han operado a la suegri. Nada grave, le tenían que arreglar un dedo del pie. Lo chungo vendrá mañana cuando le den el alta, estamos haciendo ingenieria horaria para que no este sola. De momento tenemos cubierto hasta el Lunes, ya veremos como está a partir del Martes...

- ¡Quiero jugar al Rock Band! ¡Juegan cuando no estamooooosssss!(Eloi això va per tu!)


lunes, 4 de mayo de 2009

Como consolar a una mujer

Cuando llegamos a Martorell mis padres nos esperaban con la comida en la mesa y las palabras de ánimo que toda novata que ha tenido su primer toque debería escuchar: "No pasa nada, todos nos hemos dado un golpe alguna vez". Vale decir que el consuelo que me dio Marc (gritos, broncas...) me llevó a llorar a moco tendido (lo que a su vez le llevó a él a consolarme un poco, pero ya estaba hecho el daño).

Cuando acabamos de comer, ya de mejor humor y riéndonos, llegaron mi hermano y su mujer, Arantxa. Estaban muy raros, mucho, y JM (mi hermano) se llevó a mi madre aparte a hablar... al cabo de un rato vinieron a buscar a Arantxa y desaparecieron durante un cuarto de hora. Cuando por fin volvieron, con un sobre en la mano que dieron a mi padre, estaban todos serios y blancos.

Al abrir el sobre... apareció una ecografía. La verdad es que nada más verlo me puse a saltar y a gritar como una loca, mientras que Marc y mi padre me miraban como si me hubiera dado algo sin entender que me pasaba. ¡Mi tete está preñado! Vale, técnicamente, ella es la que está preñada. Y, la verdad, la quiero como si fuera una hermana, así que... ¡mis tetes están preñados! (de una manera no incestuosa XDDDD)

Hasta aquí aguantaba más o menos bien, emocionada pero bien. Cuando nos pidieron a Marc y a mí que fuéramos los padrinos... se rompió el dique. Lloramos mi padre, Marc y yo, de aquella manera que te tiembla el mentón. Aquel día me deshidraté o algo porque llorar tantísimo en un día cuando no soy precisamente llorona...

Mi sobrinito, que se llamará Aitor, es del tamaño de una mano. Arantxa está de cuatro meses y se acaba de enterar de que está preñada, así que ha sido un susto. Pero todo saldrá bien, a pesar de la crisis de las narices que tanto nos ha tocado. Tiene que salir bien, porque estamos todos dispuestos a ayudar en lo que haga falta.

Juro que la tortilla de patatas de aquella noche me supo como si hubiera ido a cenar al Bulli... a gloria :)